Apuntes para un estudio psicoanalítico de las fases psicosexuales


Por Andrés G. Asturias, Psicólogo Clínico

¿Son continuas o discontinuas las fases del desarrollo psicosexual (oral, anal, etc.)? ¿Siguen principios biológicos o psíquicos? ¿Cómo son las transiciones entre fases? ¿Cuál es la etiología de sus bloqueos? Estas preguntas, en apariencia sencillas y suficientemente resueltas, motivan al presente ensayo a esbozar ilaciones y orientaciones generales de la evolución psicosexual.

Agradezco al Dr. Rodolfo Kepfer (in memoriam) y al Lic. Enrique Campang por haberme brindado sus valiosas observaciones y comentarios sobre mis escritos preliminares.

En la primera parte se exponen tres principios del desarrollo psicosexual.

En la segunda parte se describen algunas transiciones y bloqueos entre fases libidinales.

I. Principios del desarrollo psicosexual

Podemos enumerar tres principios o ideas fundamentales sobre el desarrollo psicosexual.

La primera de ellas es que el cuerpo tiene zonas que son predominantemente excitables a lo largo del tiempo, y dichas zonas no se destacan como resultado de la historia individual y la significación para el sujeto, sino por una predestinación corporal dada su importancia para la conservación de la vida.

Chazaud (1976) escribe: “Podemos ver una astucia de la naturaleza en el hecho de que las pulsiones sexuales se afiancen en las funciones de conservación (chupeteo, ingurgitación, excreción, micción, cuidados cutáneos, actividades musculares, visión, etc.) para hacerles desempeñar –a través de las complicaciones psíquicas que arrastran “marginalmente”- el papel de motor de progreso de un ser tan desprovisto de dirección instintiva como es el hombre” (p. 27).  
Nagera (1975) es aún más claro acerca de este principio orgánico: “Ciertas zonas o áreas del cuerpo están realmente predestinadas por su vecindad anatómica a órganos vitales para recibir estímulos. Estas zonas erógenas son la oral, la anal, la uretral, la clitórica y la genital. Estas zonas predestinadas de erotización están asociadas a “grandes necesidades orgánicas”, de manera que la gratificación de los impulsos biológicos vinculados produce el efecto concomitante de estimular la zona erógena” (p. 78).
Un segundo principio es que todos los órganos y funciones del cuerpo poseen capacidad erógena, en mayor o menor medida, capacidad que puede aumentar o disminuir.
A esta conclusión había llegado Freud por sus observaciones en casos de conversión histérica (Nagera, 1975). Sin embargo, en ellos lo corporal era lo que se mantenía al margen, y lo psíquico, la significación histórica para el sujeto, era lo determinante. Es decir, esta capacidad erógena, es obtenida de manera secundaria por el órgano, es efecto y no causa.

Cabe advertir, entonces, la cuestión de hasta qué punto un órgano recibe dicha capacidad por una impronta psíquica o corporal; hasta qué punto es un destino común o parte de la historia del individuo. 
El tercer principio, más psicológico, es la diferenciabilidad de la vida anímica: la psique, en su evolución, va de lo menos diferenciado, a lo más altamente diferenciado y complejo.
El devenir psicosexual también sigue una historia dialéctica que se desenvuelve como una progresiva diferenciación, una serie de integraciones y oposiciones; es un oscilante movimiento entre la separación y la unión: la criatura se desvincula de la madre corporalmente para adquirir poco a poco mayor independencia; las pulsiones pasan de una menor integración (anarquía pulsional), a una mayor integración (genitalidad); las relaciones de objeto, en general, van de la menor diferenciación a la mayor diferenciación y capacidad de síntesis: interior-exterior, niño-madre, madre desintegrada-madre total, cuerpo desintegrado-cuerpo total, …, yo-otro, hasta la experiencia del “nosotros” o de la soledad.  
Este principio ha prevalecido en las distintas corrientes de pensamiento psicoanalítico y en diferentes tiempos. 
Anna Freud trazaba con sus líneas de desarrollo un desenvolvimiento entre el yo y no yo: de la dependencia simbiótica a la independencia adulta, del egoísmo a la participación grupal, del autoerotismo a la interacción con el mundo y los otros en el juego y el trabajo (Grupo de trabajo OPD, 2008).  
De manera similar, aunque más llamado a describir el encadenamiento de los hechos, Winnicott observó el proceso psicogenético, la travesía del niño que se valdría de un objeto transicional para pasar gradualmente de la dependencia en la relación con la madre y su narcicismo primario, hasta su desenvolvimiento en el mundo exterior. 
Lacan, por su parte, introducía con la noción de estadio del espejo la observación del hito de la integración del propio cuerpo, percibido previamente como fragmentado (Laplanche y Pontalis, 1994). 
Vemos pues, que todo el movimiento entre estos polos (yo-no yo) podemos sintetizarlo como una línea que va de la mónada desorganizada a la alteridad compartida. 
Progresar del narcicismo a la alteridad es quizá el patrón existencial de la experiencia humana. Así es, por ejemplo, el itinerario de la maternidad: de una fase de investidura narcisista sobre el propio cuerpo, que es uno solo con el cuerpo del niño en la gestación, se pasa, algo abruptamente, del parto al encuentro con el otro y a una investidura objetal (Castro, Melville y Zachrisson, 2016).
Como corolario de estos principios se extiende la visión hacia un estado ideal finalmente alcanzado del desarrollo psicosexual: será pues, aquel que evolucione sin mayores complicaciones de acuerdo a ese destino común, superando el narcicismo primario y los conflictos que impidan la diferenciación entre yo – no yo. 
Siendo más específicos, según Dewald (1973), la mayor excitación se hallará a nivel de lo genital y de forma plenamente heterosexual, los drives pregenitales tendrán menor importancia, se darán como preparativos del placer final (“juegos previos”) y constituirán la base de sublimaciones. 
¿Por qué lo “normal” es presuntamente lo genital y heterosexual, con algunas variaciones paralelas e irrelevantes? Esta es una pregunta delicada, y no menos difícil, ocasionadora de pronunciados debates. Hay que recalcar que la razón no ha de partir de ningún modo de una moral conservadora, sino que el criterio parece estar en la diferenciabilidad de objeto alcanzada según el tercer principio enunciado anteriormente. El objeto de amor genital alcanza entonces su autonomía, riqueza y totalidad (Laplanche y Pontalis, 1994). No es solo una orientación o una zona lo que resalta, sino una relación de objeto más realista, actualizada, intersubjetiva y total. La heterosexualidad es pues condición necesaria, mas no suficiente, del desarrollo psicosexual normal (ideal). 
Si a este ideal apunta favorablemente la evolución psicosexual, es consecuente preguntar por la etiología de sus bloqueos y el flujo de sus transiciones. 

II. Transiciones y bloqueos del desarrollo psicosexual


A lo largo del desarrollo psicosexual, tanto en las fases propiamente definidas, como en las intermedias se encuentran pulsiones típicas asociadas.

Es así que podemos clasificar las pulsiones del desarrollo psicosexual en dos grupos:

  • Pulsiones organizativas: dirigen el interés de forma más estacionaria, y pautan cierto género de fantasías sexuales y temidas. Entre ellas están obviamente las pulsiones orales, anales, genitales, incluso las relacionadas con la actividad de la mano.
  • Pulsiones no organizativas: dirigen el interés de forma pasajera, no tienen mayor relevancia en las fantasías sexuales, pero son parte importante de fantasías temidas, asociadas con la prohibición, la culpa, la vergüenza y la repugnancia. Entre ellas se encuentran las pulsiones escópica (de ver) y olfativa. 
Todas estas pulsiones se presentan secuencialmente en formas típicas o transiciones, que ocasionalmente se fijan o se desvían en la perversión.

Transiciones

Las transiciones las podemos conceptualizar como fases intermedias, entre organizaciones pulsionales más o menos definidas, es decir como conjuntos de intersección o pseudo-organizaciones en las que fases contiguas se mezclan.

Podemos pensar que hay ciertos “hitos”, hechos o conductas notables en los que se ponen de manifiesto las transiciones entre zonas erógenas. Tomemos como ejemplos la relación con las heces, la visión de una escena primaria y la masturbación.

La relación con las heces se da como paso entre la fase oral y la anal. Se evidencia en el niño un interés oral o curiosidad en torno a sus propias heces, interés que le es negado exteriormente, acarreando la significación de lo malo = heces, la prohibición respecto a las heces. El vencimiento de la repugnancia o el interés en los olores fuertes implícito en algunas parafilias, revela adicionalmente la importancia de la pulsión olfativa en esta transición de lo oral a lo anal.  
La visión de una escena primaria es característica en la etapa fálica. Las relaciones objetales giran en torno a la escena edípica y las ansiedades de castración. La predominancia de la pulsión escópica se evidencia por las tendencias exhibicionistas y voyeuristas, el interés en la alcoba de los padres. 
Luego, en el periodo de latencia (donde hay aparente contención de los drives sexuales), no encontramos, como establece la idea más extendida, una sofocación casi completa de las pulsiones gracias a la represión, la transformación en lo contrario y la sublimación, sino que en dicha etapa las pulsiones y fantasías se organizan generalmente alrededor de la actividad de la mano, la pulsión de prensión y lo afín a ella. El niño experimenta excitación y fantasías relacionadas con la estimulación de la mano al tocar, agarrar, jugar con los dedos, etc. 
La masturbación marca el paso entre lo “latente” (manual) y lo genital. La mano estimula y a la vez es estimulada sobre el aparato sexual. La masturbación como tal no es un hito del desarrollo psicosexual, pues este comportamiento se ha observado a edades más tempranas, incluso en ecografías fetales. Lo que sí constituye un “hito” es que esta sirva de paso entre la organización de las pulsiones alrededor de la actividad de la mano (fase de “latencia”) y la organización genital.

Perversión

La perversión sigue el camino inverso del desarrollo psicosexual o evidencia un estancamiento, una fijación. Como anteriormente se dijo, lo denominado como perverso no está determinado según alguna norma social, sino lo que podríamos denominar una norma de desarrollo, esto es: “la organización progresiva de la persona y de su unificación que se llevan a cabo por la subordinación de los placeres parciales (infantiles) al placer genital plenamente elaborado (tras la aceptación de la castración una vez superado el complejo de Edipo)” (Ey, Bernard y Brisset, 1996), es decir conflictos de diferenciación.


También se puede formular que las perversiones sexuales se dan pues como encogimientos ante el complejo de Edipo (Chazaud, 1976).

  1. El desarrollo sexual va en el sentido de la integración y diferenciación del cuerpo total propio y del otro. La perversión se guía, en cambio, por el parcialismo y el fetichismo. Ocurre como una tendencia simbolista por la necesidad de negar la castración, la diferenciación de los sexos, y con ello la ansiedad sexualmente inhibitoria que esta suscita (Fenichel, 1962).
  2. El desarrollo sexual se guía en el sentido de la diferenciación sexual genital. La perversión se guía por la indiferenciación sexual. Ocurre como una desactualización simbólica. La indiferenciación entre lo masculino y lo femenino. La indiferenciación entre niño y niña (carentes de rasgos sexuales) en la paidofilia. La indiferenciación generacional en el incesto.
  3. El desarrollo sexual se guía en el sentido de la orientación total genital. En la perversión es característica la regresión y fijación a fases pregenitales. Se encuentran bloqueos que hacen referencia a transiciones entre fases o no organizativas. Por ejemplo, en la coprofilia, no se encuentra la reviviscencia de la actividad anal, relacionada con las funciones de retención y expulsión de heces, sino que es la pulsión olfativa (el olor de las heces) la que moviliza el comportamiento sexual. En el froteurismo, por su parte, el sujeto busca la excitación por el roce con una persona como sustituto inadecuado de la mano. 
Los conflictos de diferenciación son los conflictos de yo-otro e integración del cuerpo, masculino-femenino, anarquía-unificación pulsional. En las perversiones estos conflictos parecen una atadura no resuelta. Las perversiones son estados de indiferenciación sexual. 

Referencias


Castro, C., Melville, C. y Zachrisson, L. (2016). Cuerpo, vínculo y amor. Lúdica, (17), 3-10.

Chazaud. J. (1976). Perversiones. Barcelona: Herder.

Dewald, P. (1973). Psicoterapia: Un enfoque dinámico. Barcelona: Toray.

Fenichel, O. (1962). Teoría psicoanalítica de las neurosis. (3ª. ed.). Buenos Aires: Paidós.

Grupo de trabajo OPD. (2008). Diagnóstico psicodinámico operacionalizado. Barcelona: Herder.

Ey, H., Bernard, P. y Brisset, C. (1996). Manual de psiquiatría. Barcelona: Masson.

Laplanche, J. y Pontalis, J. (1994). Diccionario de psicoanálisis. España: Paidós.

Nagera, H. (1975). Desarrollo de la teoría de los instintos en la obra de Freud. Buenos Aires: Paidós.

Audio Hipnosis para dejar de fumar


La sesión de Audio Hipnosis incluye: 
  • Inducción de relajación
  • Sugestiones de aversión al tabaco
  • Sugestiones de motivación para dejar de fumar

Duración del audio: 26 minutos, 35 segundos. 

Lenguaje: Castellano. 

Advertencia: No se escuche antes o mientras se conduce un vehículo o maquinaria. El abandono del tabaco puede requerir atención clínica. Consulte a su médico para conocer otras alternativas de tratamiento. 

Indicaciones: Escuchar el audio de preferencia durante las noches, antes de dormir, o como parte de una siesta. Recordar las sugestiones cuando se presente el deseo de volver a fumar.

Constantes de una pareja funcional según Carl Rogers

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En su libro, "El matrimonio y sus alternativas" (1972), Carl Rogers se pregunta por la diferencia entre una pareja funcional y una disfuncional. 

Una pareja funcional es aquella que permite la satisfacción mutua, pero también el desarrollo personal y la felicidad individual; estas relaciones tienden a permanecer y resisten a las circunstancias adversas. Las parejas disfuncionales, en cambio, llevan a la infelicidad y terminan en separación o divorcio.

¿Cuáles son los factores o elementos que distinguen a una relación funcional de una disfuncional? ¿Qué características tienen las parejas que alcanzan relaciones altamente satisfactorias, que permiten el apoyo, la intimidad emocional y sexual, las experiencias gratificantes? Estas son las 4 constantes de las parejas funcionales que propone tentativamente Carl Rogers.

I. Dedicación o voluntad

Ambos se comprometen mutuamente a trabajar juntos en su relación, porque esta enriquece sus vidas, y no solamente por la carga pesada de una obligación, un contrato matrimonial, los hijos, o la sacralidad del matrimonio. Ambos, podríamos decir, permanecen porque la relación les satisface y la desean genuinamente.

II. Comunicación

Ambos están dispuestos a comunicar sus sentimientos, negativos o positivos, hacia su compañera o compañero, siempre que estos sentimientos sean persistentes. De la misma manera, ambos están dispuestos a comprender empáticamente las comunicaciones del otro, aunque sean acusadoras, incómodas o autorreveladoras.

III. Disolución de roles 

En las parejas duraderas, las expectativas señaladas por la cultura o subcultura parecen tener una importancia secundaria, los roles juegan un papel cada vez menor. Rechazan el molde de la opinión y las normas de terceros, y escogen ellos mismos sus propias opciones, expectativas e ideales.

IV. Convertirse en un yo separado

Cada uno de los miembros se individualiza, se afirma como una personalidad fuerte e independiente. Cada quien se autodescubre y es consciente de su experiencia interna, sus sentimientos profundos. 

Referencias

Rogers, C. (1976). El matrimonio y sus alternativas. Barcelona: Kairós. 

K. Abraham: Sobre la exogamia neurótica

En momentos en que se le prestaba atención al matrimonio entre consanguíneos sólo para considerarlo como un fenómeno de dañinas consecuencias hereditarias, hice referencia en un artículo al hecho de que el matrimonio entre parientes debía ser considerado como un fenómeno de la psicología de las neurosis. Partiendo de las particularidades de la sexualidad en los neuróticos, que nos son conocidas gracias al psicoanálisis, llegué a la idea de que, en muchas de tales personas, la transferencia de libido a personas no consanguíneas fracasa porque ellas se encuentran, incluso después de la pubertad, atrapadas en una atadura narcisista. Para el neurótico, que debe mantenerse alejado tanto del objeto de sus deseos originarios incestuosos como de la mujer no consanguínea, el casamiento con una pariente significa un compromiso.

Ya en el texto mencionado llamé la atención sobre el hecho de que, para poder explicar psicológicamente la tendencia al incesto, había que ponerla en una serie junto a determinados fenómenos. En un extremo de esa serie se encuentra el incesto real; no es tan infrecuente en las familias psicopáticas como suele suponerse. El extremo opuesto es el rechazo total y constante de cualquier relación con el sexo opuesto. 

Junto al primer extremo podría ubicarse psicológicamente la inclinación por aquellos consanguíneos que no pertenecen a los grados de parentesco más cercanos. En una relación muy parecida con el otro extremo de la serie mencionada más arriba, se encuentra un fenómeno que yo llamaría “exogamia neurótica”. Ésta consiste en que el hombre2 siente un invencible pudor en entablar relaciones con una mujer que pertenezca a la misma raza o nacionalidad que él o, más correctamente, que su madre. En consecuencia, aquí se toman especiales medidas para impedir la posibilidad del incesto. El neurótico huye del tipo materno hacia mujeres que en aspecto y esencia se oponen de la manera más fuerte posible a su madre (o hermana). Esta huida es una consecuencia de su excesivo pudor frente al incesto. Quizás un ejemplo pueda iluminar el fenómeno en cuestión. 

Un neurótico perteneciente al tipo rubio, norgermánico, muestra la mayor antipatía frente a ese mismo tipo cuando aparece en mujeres. Nada en la mujer debe traerle el recuerdo de su originario objeto de amor, de su madre. Ni siquiera soporta en las mujeres el dialecto local. Sólo lo atraen las castañas, morochas, pertenecientes a otra raza. En el curso de los años, ha entregado su cariño a diferentes mujeres pero ellas siempre pertenecían a otra raza u otra nacionalidad. Así aparece con claridad la tendencia, resaltada por Freud, a la “construcción en serie”. El paciente se muestra incapaz de dirigir, duradera y exitosamente, su libido a una determinada mujer. La fijación al amor más temprano se demuestra como más poderosa.

Tuve la oportunidad de analizar un gran número de casos parecidos y poco a poco llegué a la opinión de que en esta repulsión frente a las mujeres del propio tipo (o materno) o de la propia raza hay algo que corresponde a una ley. Una interesante observación en el mismo sentido ha publicado Weiss3 hace algún tiempo. En su comunicación se trata de un hombre que es incapaz de casarse con muchachas de su ciudad y provincia natales, o de la región natal de su padre o su madre. De igual manera, siente pudor frente a muchachas que tengan los ojos o los cabellos parecidos a los de su hermana. 

La motivación de este pudor sexual permanece por completo inconsciente para muchos neuróticos, para otros, por lo contrario, completamente consciente. 

Un paciente me explica que él –judío– nunca podría casarse con una judía, porque en cada judía veía a su hermana. De hecho, este paciente se encontraba en una fijación incestuosa, insólitamente fuerte, hacia su madre y su hermana de la cual también daba testimonio su neurosis (temor a la calle). En la pubertad se había llegado a un acercamiento sexual entre los hermanos. 

Un segundo paciente, también de origen judío, realizó, en relación con sus inclinaciones, declaraciones muy parecidas a las precedentes. Se enamoraba repetidamente de muchachas cuyo aspecto era totalmente opuesto al tipo judío, por ejemplo, de una danesa rubia. En un tercer caso, la situación era exactamente igual, sólo que el paciente no tenía en claro el origen de su inclinación y rechazo racial. 

En todos los casos que investigué existía, además de la excesivamente positiva fijación de la libido a los parientes más próximos, un odio pronunciado contra la propia familia. A veces éste se dirige predominantemente a la madre y se explica a partir de una inclinación incestuosa; otras, el odio es para el padre y se deriva sin dificultad de la posición edípica del hijo. 

Tal odio se vuelve para el hijo un motivo eficaz para separarse de los suyos. No intenta anular el lazo con sus parientes sino también con sus compañeros de linaje. Dos fenómenos frecuentes se aclaran por medio de esta perspectiva. 

Me refiero, en primer lugar, a los llamados matrimonios mixtos. En los países cristianos se trata de matrimonios entre cristianos y judíos. Lo que en no pocos casos lleva a la realización de un matrimonio mixto es, a veces, más bien, la huida del incesto; otras, el rechazo hostil de la propia familia. Podría aportar muchas pruebas que confirman este origen.

En segundo lugar, es digno de nuestro interés ese tipo de varones, que en edad temprana, la mayoría de las veces bajo el impulso de independencia de la pubertad, emigran de su patria y en algún lugar, en algún país exótico se involucran con una mujer de otra raza. Dispongo de una colección de instructivas observaciones a este respecto.

Gracias a las recientes investigaciones de Freud no se nos escapan las coincidencias entre la vida psíquica de los neuróticos y de los hombres primitivos. Aquí hay que recordar en primera línea el intenso pudor del neurótico frente al incesto. Este pudor frente al incesto se expresa de la manera más potente en la legislación de aquellos pueblos, cuya preocupación más importante es evitar el incesto. La medida más eficaz y de mayor alcance en este tipo es la institución, existente en muchas tribus, que se designa exogamia. Ésta prohíbe las relaciones sexuales no sólo entre consanguíneos en sentido estricto sino también entre pertenecientes a una misma tribu. 

Hemos visto que no pocos neuróticos, siguiendo un condicionamiento interno, dirigen su inclinación sólo a aquellas personas que pertenecen a otro tronco familiar. El condicionamiento interno tiene en esos individuos el mismo efecto que la presión exterior, jurídica, en los pueblos primitivos. Tenemos derecho, entonces, a denominar, sin temor a equivocarnos, “exogamia” a este fenómeno neurótico que nos ocupa. El fenómeno neurótico y el etnológico, que nosotros referimos con el mismo nombre, coinciden profundamente en cuanto a su origen y su objetivo.

Docuficción: Suicidio (2017)


En muchas partes del mundo, el suicidio es una de las principales causas de muerte no natural, y sus tasas van en aumento. España es uno de esos lugares marcados por la violencia contra el propio ser. El documental Suicidio (2017), nos introduce en esa realidad que muchas veces preferimos soslayar, y, lamentablemente, las autoridades de salud pública (españolas y de otros países) también.

Utilizando como hilo conductor la historia de un personaje en una situación crítica y desesperada, el filme nos va desplegando datos relevantes emanados de expertos en el tema: 
  • Las tasas de suicidio van en aumento en España, sin que existan políticas adecuadas para enfrentar este problema (lo cual hace eco en muchos países). 
  • Estas tasas de suicidio no parecen estar relacionadas con el crecimiento o decrecimiento económico. 
  • Algunos factores parecen aumentar las probabilidades de suicidio: ser varón, experimentar un duelo reciente, consumir sustancias, por ejemplo. Factores que -dicho sea de paso- presenta el personaje de esta historia, a manera de detalle ilustrativo. 
  • El suicida pasa frecuentemente por una fase de aislamiento, de empobrecimiento en sus relaciones personales.
  • El malestar del suicida potencial tiende a "medicalizarse", esto es, a verse como un problema médico, más que como un problema psicosocial y cultural, o relacionado con la propia historia del individuo. Es una forma de normalización y minimización de los síntomas que nubla los cuadros más graves. 
  • Se cree que los antidepresivos funcionan en gran parte debido a los cambios que inducen en la neuroplasticidad, es decir, en el aumento de la actividad y las conexiones neuronales. 
  • Se ha de ver con especial recelo el hecho de que los antidepresivos parecen aumentar las probabilidades de suicidio en depresiones severas.  
  • Si bien los antidepresivos pueden aumentar las tendencias suicidas, esto no se debe a que "provoquen" la ideación. Se piensa que la ideación es preexistente, y que los antidepresivos, proveen una mejoría de la motivación y la actividad motora, con lo que el paciente tendría la suficiente "energía" para materializar sus tendencias, cosa que estando profundamente desanimado, con una actividad y disposición motora reducida, difícilmente llevaría a cabo. 
  • Una forma de prevenir el suicidio, sería intervenir en los factores culturales, como las crisis de valores, así como abordar el vacío existencial de los pacientes. 
  • Existe también lo que se podría llamar la "depresión sonriente", que pasa desapercibida y por ende es más peligrosa.  
Estos y otros temas se abordan de manera objetiva, humana y sensibilizadora. Puede visualizarse el documental completo en el siguiente link: https://www.filmin.es/pelicula/suicidio


Comentarios adicionales sobre el suicidio

El psicólogo Enrique Campang nos menciona: "El suicidio es un desfase en que la vida se extiende más allá del sentido existencial que la cultura le aporta; es cuando termina el afecto, la familia, la productividad, el juego, la socialización, el crecimiento urbano que dificulta los contactos. La persona vive más, pero, ¿cómo? ¿Con quién conversar, jugar, compartir?"

Frankl distinguía las depresiones psicógenas (ocasionadas por traumas, pérdidas, etc.) de las noógenas (a consecuencia del vacío existencial). En las primeras -podríamos decir- es cardinal la falta de autoestima y el sentimiento de culpabilidad, mientras en las segundas se hace relevante el aburrimiento, la apatía, la indiferencia, aunque una mezcla de ambas es, por supuesto, común y posible.  

El problema del vacío existencial surge cuando la cultura deja un vacío de valores, sus fines socialmente pautados dejan de ser un incentivo para la vida. Sus razones no parecen muy convincentes para proporcionar felicidad. Decae la motivación, la actividad, y se reducen las gratificaciones o la posibilidad de obtenerlas o sentirlas. Es el malestar en la cultura de un sujeto que no se identifica con sus ideales ni se mueve por sus fines. Carece de un "para qué" propio y efectivo que le movilice, y le ayude a hilvanar con coherencia la historia de su vida. 

Por otra parte, el suicidio no necesariamente está condicionado por una enfermedad mental o un trastorno de la personalidad, ni es exclusivo de la depresión. Cuando no es efecto de un repentino impulso demencial, delirante o ejecutado en el curso de una intoxicación o ira violenta, subyace la angustia, la desesperación o el desprecio ante la vida; el temor a un sufrimiento ineludible más penoso que la muerte (Jaspers, 2006). Los casos de eutanasia o suicidio asistido representan un dilema ético y clínico. El comportamiento temerario y el descuido del propio ser pueden ponerse en duda como formas veladas de autoagresión. Durkheim también desplegó un análisis sociológico del suicidio, en el que estudia la participación de la integración social. Evidentemente, se requieren estrategias especiales para los diferentes casos y ámbitos. 

Una herramienta que ha logrado salvar numerosas vidas, al menos ante la conducta suicida manifiesta y programada, es la de las líneas de prevención, a las cuales el suicida potencial o sus allegados se comunican por vía telefónica o textualmente. Con ello se gana tiempo ante una situación de riesgo, se disminuye la urgencia y el imperativo; se orienta y deriva a la persona deprimida. Las estrategias pueden ser (entre otras) las siguientes:
  • La vida no tiene por qué acabar con el problema; la magnitud del problema no supera a la vida. 
  • El suicidio resultaría penoso, vergonzoso, fuente de culpabilidad para el paciente. No es la salida "elegante" y atractiva que aparenta ser. 
  • El deseo de suicidarse puede ser una tendencia agresiva, que originariamente estaba dirigida hacia alguien más. 
  • El malestar que se siente es una enfermedad, y como tal puede ser tratado.  

Líneas de prevención del suicidio por países*

*Si conoces otros números telefónicos habilitados para prevención del suicidio en tu país, por favor agrégalos en los comentarios. If you know other phone numbers for suicide prevention in your country, please add them on the comments. 

Alemania
0800 111 0 111
0800 111 0 222
0800 111 0 550
0800 111 0 333

Argentina
(00 54 11) 495 444 55
(5411) 5275 1135
135

Australia
13 11 14

Austria
147

Bélgica
1813

Brasil
141

Bolivia
75288084

Bulgaria
124123

Canadá
1-855-242-3310 

Chile
5622 2442 533 
5698 2481 971
5642 2227 589

Colombia
(57-1) 323 24 25
(00 57 4) 284 66 00

Corea del Sur
+82 2-2203-0053

Costa Rica
8715 0551
2273 7974

Croacia
116 111

Dinamarca
70 201 201

Ecuador
(593) 2 6000477
2923327

Eslovaquia
116 000 
055/622 23 23
055/234 72 72

España
717 003 717

Estados Unidos
1 800 273 8255

Finlandia
010 195 202

Francia
09 72 39 40 50
0 800 200 000

Ghana
0244239629

Grecia
1018

Guatemala
5392-5953

Holanda
113

Honduras
2232-1314

Hong Kong
2389 2222

Hungría
116 123

Inglaterra
116 123

India
91-22-27546669

Irlanda
116 123

Islandia
1717

Israel
1201

Italia
19696
199 284 284

Japón
03-5286-9090
0570-783-556

Kenia
254 722178177
254 736542304

Letonia
371 67222922
371 27722292

Lituania
116 111

Luxemburgo
454545

México
01(333)1211956
0155-58046444 
0155-55335533
+5255 46313300

Nicaragua
2311-7361

Nigeria
234 (0)809210643

Noruega
224 00 040
116 123
948 17 818

Nueva Zelanda
0800 111 757

Perú
451-11148
999-900285 
993-551228

Polonia
116 111

Portugal
21 354 45 45
91 280 26 69
96 352 46 60

Puerto Rico
1 800 981 0023

República Checa
116 111

Rumania
0800801200

Serbia
0800 300 303

Singapur
1800 221 4444

Sudáfrica
0800 567 567
0800 70 80 90
0800 12 13 14

Suecia
90101

Suiza
143

Taiwán
0800 788 995

Ucrania
0 800 500 335

Uruguay
8483
08008483

Venezuela
0241-8433308

Referencias bibliográficas

Jaspers, K. (2006). Psicopatología general. (2a. ed). México: Fondo de Cultura Económica.  

A. González: La lógica y la psicología


"Si la lógica es algo independiente de la ontología, se podría pensar que de lo que en realidad depende es de la psicología. Para muchos pensadores del siglo XIX, influenciados en buena parte por el desarrollo de la psicología como ciencia, ésta habría de convertirse en algo así como el saber primero, el fundamento de todos los saberes. Si todos los saberes son algo que se da en la conciencia del hombre y la psicología estudia esta conciencia, en cierto modo se puede decir que la psicología funda todas las demás ciencias. En concreto, la lógica, por ser la disciplina que estudia los razonamientos humanos, es decir, algo que se da en la conciencia del hombre, sería una rama de la psicología. Para estos psicologistas “la lógica es una disciplina psicológica, puesto que el conocer sólo se da en la psique y en el pensar que en ella se realiza es un hecho psicológico” (Lipps). 

La postura psicologista tiene el valor de recordar el origen de toda ley lógica en la inteligencia del hombre. La tentación de muchos lógicos modernos ha sido, frente al psicologismo, la de convertir a las leyes lógicas en algo así como ideas celestiales independientes no sólo de la realidad, sino también de la cabeza de los hombres. Y, en realidad, no es así. La lógica estudia algo que sucede en la psique del hombre, y no en un mundo de ideas eternas. Por eso, el origen de las leyes lógicas es algo que puede estudiarse desde el punto de vista de la psicología o incluso desde la fisiología del cerebro humano: las leyes de la lógica han de tener su asiento en determinadas estructuras cerebrales del hombre. Si es idealismo identificar la lógica con la ontología, también es una forma nueva de idealismo el querer convertir las leyes lógicas en leyes ideales, que existirían con independencia de los hombres de carne y hueso que las piensan. El psicologismo puede servir para recordarnos que las leyes de la lógica no son independientes de nuestra actividad intelectiva. 

Ahora bien, el que las leyes sean leyes del pensamiento humano no quita que puedan ser estudiadas con independencia de la psicología o de la fisiología. La psicología nos puede mostrar el modo de pensar de este o aquél otro sujeto, y también cómo su pensamiento puede estar afectado por su realidad psicológica concreta: sus traumas, racionalizaciones, etc. Del mismo modo, la fisiología del cerebro puede demostrar la dependencia del pensamiento lógico respecto a determinadas estructuras cerebrales. Esto, repetimos, es importante y conviene no olvidarlo. Pero lo que sucede es que, además de los estudios psicológicos o fisiológicos, puede haber otros tipos de estudios del pensamiento. La lógica estudia el pensamiento humano, no desde el punto de vista de la ciencia empírica (psicología o fisiología), sino desde el punto de vista meramente formal. Es decir, el pensamiento no se estudia como propiedad de éste o aquél hombre, sino como un conjunto de leyes comunes a todo ser capaz de pensar lógicamente. 

Así, por ejemplo, el hecho de que si A implica B, B implica C, entonces A implica C, es algo que puede ser analizado prescindiendo de que sea algo que sucede en la mente del hombre o en su cerebro. Sucede lo mismo con las leyes de la gramática o de la matemática. El matemático puede estudiar que 2+2=4 prescindiendo de la psicología y de la fisiología, como también el lingüista puede estudiar la estructura de una oración sin tener en cuenta que esa oración es un hecho mental y cerebral. Es decir, el pensamiento humano, aunque no sea en sí mismo algo independiente de las estructuras mentales y cerebrales de los hombres concretos, se puede estudiar de un modo formal, prescindiendo de esas estructuras. No avanzaríamos nada en matemática ni en lingüística si tuviésemos que estar a cada paso recordando que se trata de realidades creadas por el hombre y no de ideas celestiales. Aunque la lógica trate de pensamientos que tienen un origen psicológico y fisiológico, es una disciplina independiente de la psicología por el simple hecho de que el pensamiento humano puede ser analizado de un modo puramente formal, atendiendo a las leyes comunes a toda inteligencia, prescindiendo, aunque sea provisionalmente, de que todo razonamiento puede ser también estudiado desde otros puntos de vista." (pp. 111-112)

González. A. (1989). Introducción a la práctica de la filosofía. El Salvador: UCA Editores.

Comparación entre Weber y Durkheim

 

Durkheim y Weber han sido acreditados como dos de los más grandes sociólogos de la historia, sin embargo, sus metodologías son totalmente opuestas una con otra en diversos aspectos, los cuales algunos de ellos serán abordados en el presente ensayo. Así, en primera instancia contrastaremos las discrepancias de los pensadores en cuanto al carácter científico del conocimiento (I), después sus posturas acerca de los entes cognoscibles por la sociología (II)…

Carácter científico del conocimiento

Durkheim

Para Durkheim, el conocimiento científico debería de ser verificable y objetivo y no debía de estar manchado con la subjetividad del investigador u observador. El investigador debía de estar libre de preconcepciones y prejuicios. También criticaba a sus contemporáneos por tener más exclusividad y empeño en dar conceptos y no en las cosas a estudiar, pues para él el conocimiento debía de ser funcional. Criticó los trabajos de Auguste Comte; los llamó demasiado especulativos y vagos.

Según Durkheim, la sociología para ser científica debía de estar basada en hechos reales, debía estudiar hechos sociales, es decir aspectos de la vida social (como el estado de la economía o la influencia de la religión) que configuran nuestras acciones individuales. Creía que se debía estudiar la vida social con la misma objetividad con que los científicos se ocupan de la naturaleza. Durkheim inclusive llegó a decir: “estudia los hechos sociales como si fueran cosas”. Con ello lo que quería decir era que la vida social podría ser analizada con el mismo rigor que los objetos o acontecimientos de la naturaleza. Además, consideraba que la sociología debía ser una ciencia autónoma. Se basaba en estudios estadísticos y observables.

Weber

Para Weber la sociología es la ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción social para explicarla causalmente en su desarrollo y efectos, entendiendo por acción como una conducta humana en la que el individuo o individuos de la acción la enlacen con un sentido subjetivo. Además para Weber, los prejuicios y preconceptos no eran simplemente un factor imposible de anular en el observador, sino que no tenía sentido anularlo, puesto que el observador selecciona los datos que mejor explican para el y para su cultura y sociedad el fenómeno que está tratando de explicar. Tomaba como base de estudio la acción social, y la misma no puede ser entendida, descrita o analizada sin la referencia de los significados subjetivos. Weber se caracterizaba también por su enfoque teorético del conocimiento. Se basaba en el uso de los tipos ideales para la comprensión del hecho social.

Entes cognoscibles por la sociología

Ambos sociólogos estaban de acuerdo en el estudio de la acción social para el conocimiento sociológico sin embargo, el mismo ente cognoscible, representaba para cada uno de ellos algo distinto…

Durkheim

Para Durkheim, el hecho social era un hecho que iba más allá del individuo, que lo trascendía en tiempo y en número. Era por lo regular anterior al individuo (cultura) y además era colectivo (exterior). Durkheim hablaba incluso de una conciencia colectiva la cual moldea a los individuos.  También pone énfasis en distinguir el propósito individual de la acción y la función social que ésta cumple. En este sentido ha observado que el significado de la acción individual es algo que escapa a quién la ejecuta, que se suma como una fuerza integradora del orden social, una fuerza moral…

Durkheim insiste en el principio según el cuál los fenómenos sociales deben ser estudiados según sus funciones que son específicamente sociológicas y que podrían ser distintas de los propósitos que guiaban a los individuos que las realizasen, merced a lo cuál la función de un hecho social debería siempre buscarse en relación con algún fin social cuya orientación es la de armonizar a la sociedad y la relación de ésta con su medio ambiente.

Weber

Definía el hecho social como toda aquella acción llevada a cabo por un individuo la cual repercute en su entorno social o que está hecha para o dirigida hacia el mismo. Weber se centra en la orientación subjetiva que posee la acción individual y su aporte principal para la comprensión de la acción consiste en ubicar a las pasiones como una variable definida del proceder social. Weber decía que el hecho social estaba dado debido a causalidades culturales, dándole así un papel fundamental a las ideas y valores de los individuos y de la cultura de los mismos.

Opinión

No me parece que haya un sistema más apropiado que otro para estudiar la sociedad, simplemente responden a distintas interrogantes. El sistema de Durkheim aborda al individuo desde la sociedad, como esta restringe su acción mediante la fuerza de la moral y la conciencia colectiva, mientras que la perspectiva weberiana hace lo contrario: aborda a la sociedad desde el individuo, como la cultura de este, sus valores e ideas lo llevan a actuar socialmente. Es por ello que el estudio de Durkheim funciona para la comprensión de la acción social colectiva mientras que el sistema de durkheim funciona para la acción social individual.
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