E. Campang: Piezas de la violencia familiar


La violencia intrafamiliar es un problema real, cercano a todos; la conocemos en carne propia, familiares, amigos o en las noticias. Las víctimas son muchas y los ganadores ninguno. Es un proceso destructivo que deja secuelas entre quienes no se pueden defender.

La dinámica resulta compleja, como piezas de un rompecabezas. Así que estas son las que he encontrado a lo largo del contacto con la gente, personas que me han confiado sus problemas o relatos presentados en los medios de comunicación. 

Para el lector unas piezas le podrán parecer crudas o sorprendentes, sin embargo al recorrer el bajo mundo de la violencia familiar, se dará cuenta que son reales; y posiblemente falten algunas.

Las noticias no siempre presentan a cabalidad el cuadro de la violencia intra familiar, pasan por alto unas piezas. Al estudiar con cuidado la relación se pueden descubrir detalles importantes, que hacen que el escándalo de la violencia sea solo la pieza final de una serie de agravios. 

No se puede establecer con certeza estadística la frecuencia o combinación de factores. Lo que si es cierto es que se dan. La gravedad del caso depende de la cantidad e interacción entre las piezas.

Estas piezas también pueden producir estallidos de violencia en el ambiente laboral, escolar o social, sin los elementos de la intimidad sexual o familiar.

Las piezas de la violencia intra familiar pueden ser:

  • Relaciones inmaduras, formadas entre machos y hembras, niños y niñas emocionalmente, que responden a impulsos y no a la conciencia, ni sentimientos de amor. Visión infantil o ingenua de la familia, como algo divertido, nada en serio..
  • En parejas integradas precipitadamente por embarazo, deseo de fuga del hogar, los estudios o el trabajo; visión exclusivamente sexual de la relación sin amor ni madurez. Pánico a la soltería. Relación que depende del atractivo físico y la aprobación social. 
  • Poca comprensión del hombre de lo que es la mujer, y de la mujer de lo que es el hombre.
  • Exigencia de mantener de prácticas sexuales inaceptables para uno de la pareja, en formas y frecuencia. Considerar que la pareja es un objeto sexual, sin dignidad ni sentimientos.
  • Egodistonía, pretender amar a quién no se ama de verdad; homosexualidad encubierta; o amor falso por apariencias. Amores prohibidos. 
  • Conflictos en el manejo del dinero, gastos sin control, destino oculto del gasto. Incapacidad productiva; ausencia de prioridades, vivir una vida material alejada de la realidad. Crisis económica, 
  • desempleo, alto costo de la vida. Altos gastos médicos por enfermedades catastróficas o prolongadas. 
  • Insatisfacción de las expectativas de estabilidad económica, irresponsabilidad en el mantenimiento del hogar. Considerar que el cónyuge es una máquina de hacer dinero. Chantaje sexo por dinero. Gasto basura: gasto emotivo o impulsivo, sin relación a la realidad ni a la necesidad, gasto sin límites. 
  • Amenazas económicas en caso de divorcio, disputa por la custodia de los hijos. Alto costo del juicio por la separación. Intervención de abogados. 
  • Alcoholismo, consumo de drogas, conducta inmoral, malos ejemplos. Vicios, adicción a juegos, prostitución. 
  • Demandas sociales, acompañamiento forzado a reuniones incómodas con familiares políticos, amistades desagradables, incompatibilidad en actividades sociales o públicas. 
  • Conflicto moral, cultural, religioso; choque de valores. Descalificación, burla o agresión contra la identidad del cónyuge. Complejo de superioridad, racismo, intolerancia. 
  • Proceso de hostigamiento mutuo, humillaciones públicas, terquedad, oposición sistemática a la opinión de la pareja. Poner en duda la hombría del esposo, descalificación de su virilidad o feminidad como insulto. 
  • Deterioro del ambiente doméstico, suciedad, mala alimentación, desperfectos, falta de colaboración en las tareas del hogar, negligencia. Abandono del cuidado personal, niños descuidados, obesidad o desnutrición. 
  • Impuntualidad, desorden en el manejo del tiempo, falta de consideración de los demás, llegar tarde, dejarlos plantados. 
  • Descarga incontrolada de la cólera por acumulación de desechos mentales y resentimientos provenientes del pasado, trabajo o del medio. Respuesta violenta ante niveles insoportables de hostigamiento. Usar a la familia como inodoro o basurero mental. 
  • Acusaciones falsas o verdaderas contra el esposo en los tribunales, para meterlo a la cárcel, que luego se retiran. Uso de los familiares y la policía para agredir al cónyuge. 
  • Restricción de los espacios privados individuales dentro del hogar. Creer que su pareja es una sombra, que pierde su individualidad en la casa. Eso puede llevar a la fuga al trabajo, la cantina, los estadios o actividades fuera de la casa, como espacios alternos para recuperar el Yo prohibido en casa. 
  • Ambiente de susceptibilidad aguda, toda mirada, palabra o gesto, es considerado como hostil, y motivo de discusión o riña. Tener la piel demasiado delgada, desconfianza severa de los móviles del (la) otro(a); todo se supone que es con mala intención. Pérdida del sentido del humor, enojo permanente. 
  • Negativismo, obsesión por encontrar defectos, exceso de críticas y regaños, ambiente de recriminación permanente. 
  • Malos ejemplos no superados de los padres de la pareja, que se repiten. Lecciones no aprendidas del pasado. Repetición generacional de la violencia y abuso. 
  • Celos por falta de comunicación transparente, inseguridad en el afecto, temores de infidelidad. Juegos infantiles de competencia entre la pareja. Usar la infidelidad como castigo, para herir. Desconfianza total en la palabra empeñada. 
  • Agotamiento de la relación, aburrimiento, carencia de motivaciones para seguir juntos, pérdida de interés. 
  • Sentimiento de tiempo perdido por mantener una relación insatisfactoria y problemática. Opción a otras oportunidades de recuperar ese tiempo. Deseo de estar solo y reconstruir la vida.
  • Heridas al orgullo al ver que su pareja se interesa por otra persona. Celos y ofuscación de ver a su pareja con otro u otra. Descubrimiento in fraganti de la pareja con un o una amante.
  • No aceptación de la responsabilidad en el fracaso de la relación, todo es culpa de la otra persona. 
  • Codependencia, temor patológico a perder la pareja. Incapacidad de vivir solo(a). Terquedad de mantener la relación a pesar del daño que se causan entre ellos. No aceptar la separación bajo ninguna circunstancia. 
  • Obligatoriedad de mantener la relación, por la prohibición del divorcio, incapacidad de salir de una relación problemática por la indisolubilidad del matrimonio religioso. 
  • Presión social que ve mal a las parejas separadas. Temor a “que dirán”. Conservación de una imagen social de “pareja y familia perfecta....” a cualquier precio. 
  • Juegos psicológicos, trampas, engaños, actitudes infantiles, competencias, unas aprendidas en telenovelas o programas de televisión. Convertir al hogar en un espectáculo público donde todos pueden opinar, las decisiones se toman por los aplausos o chiflidos de la audiencia. Sustituir el diálogo privado por un show abierto. Exceso de opiniones de familiares, amigos o curiosos. 
  • Atacar a la pareja por sus familiares, amigos, relaciones del pasado antes de conocerse, celos. No aceptar el pasado del otro, aunque este ya no influya sobre la relación actual. No respetar el límite del pasado y el presente. Recriminaciones sobre ello. 
  • Juego de victimización; hacerse la sufrida(o) y exagerar la maldad del villano, búsqueda de un salvador. Violencia provocada para causar lástima. Presentación de una imagen tergiversada del conflicto. 
  • Crueldad y perversión en hacer el mal sin medir las consecuencias. Sadismo, venganza, destructividad., lesiones graves. Tormento. Placer por destruir a la pareja o hijos. 
  • Chantaje emocional con los hijos, usarlos como escudo en las riñas; amenaza de escándalo, bochorno, contárselo al jefe, al trabajo, a los amigos. 
  • Sensación de desesperación al estar encerrado en una jaula con el enemigo, sin poder escapar, y la única solución que le queda es matar, matarse o ambas.

En los casos de violencia contra los hijos se pueden presentar las siguientes situaciones: 
  • No soportar el ruido, desorden, juegos de los niños, castigos violentos para disciplinarlos, uso excesivo de fuerza. Destinatarios del desahogo emocional. 
  • Responsabilizar a los hijos por la mala condición económica o por la mala relación con su pareja. 
  • Comparaciones molestas entre hermanos, rivalidad. Riñas entre hermanos para obtener la atención de los padres. Celos por las preferencias de la madre por determinado hijo, o del padre por una hija. 
  • Rivalidad madre – hija. “No pueden haber dos reinas en el mismo panal de abejas”. Rivalidad padre – hijo. “No pueden haber dos gallos en el mismo gallinero”. 
  • En hogares hacinados, sin privacidad, consideran a los hijos como un estorbo a la sexualidad de los padres, los mandan a la calle, son agredidos o desterrados de la casa. 
  • El macho ataca a los hijos porque la madre lo rechaza sexualmente mientras los cría. Conducta común de los osos.
  • La hembra abandona, arremete, o mata a los hijos porque los hace responsables de la pérdida de su pareja. Le es más importante el posicionamiento de ser esposa de…. que ser madre de….
  • Enojo contra los hijos porque ellos no llenan sus expectativas, producto de sus frustraciones personales. “No hacen lo que ellos quisieron ser.” 
  • Esclavitud de los hijos, que son considerados como sirvientes o recurso económico para que los mantengan. Inducción al trabajo infantil, mendicidad o prostitución; privación de la educación.
  • Descalificación, destrucción de la autoestima, bloqueos al desarrollo, para que los hijos no superen a los padres. “No servís para nada, nunca vas a ser como yo.” 
  • Maltrato, abuso sexual o incesto sobre los hijos, como castigo o relacionado con las frustraciones sexuales con su pareja. 
  • La madre recurre al aborto porque pone en riesgo su posicionamiento social o económico. Ni el hombre ni el hijo le conviene a sus intereses.
  • El hombre obliga al aborto porque la relación con la mujer, pone en riesgo su posicionamiento sexual, social o económico No se quieren o pueden casar por apariencias sociales. El aborto es el caso más grave de violencia, contra una criatura indefensa e inocente, con el consentimiento de la madre y (o) del padre. 
  • La cultura del machismo tolera prácticas abusivas en contra de la mujer y los hijos. Mientras que el hembrismo lleva a la hembra a que busque en el macho un posicionamiento económico o social por medio de la oferta sexual. Costumbres anacrónicas. 
No siempre la gente está consciente del daño que provoca su actitud; unas son toleradas por las costumbres. En otros casos si hay mala intención de causar daño o hay pérdida de control de los factores externos. 

La acumulación de piezas de violencia intra familiar puede provocar un estallido violento, como la gota de rebalsa el vaso de agua. Unas familias coexisten con piezas problemáticas sin darse cuenta, hasta que se hartan y estallan. 

La identificación de las piezas presentes en la relación familiar es importante; permite irlos reduciendo a un nivel manejable, para diseñar sobre ellas, estrategias de solución. 

Las secuelas de la violencia son los hogares desintegrados, traumas y vidas destruidas. Niños que sienten que la calle es más segura que la casa. Mareros y criminales, cuya escuela de violencia vino de sus propios padres. 

No es posible conciliar los conflictos familiares, si se mantiene la inmadurez entre los padres. Se trata de superarla, para desarrollar niveles superiores de relación; madurando como hombre y como mujer. Entre personas inmaduras, no hay reconciliación que dure mucho; se recae, vuelven las viejas costumbres En unos casos se tiene que romper con juegos y esquemas tradicionales. 

La pobre concepción de la familia hace que esta sea un experimento peligroso, que puede costarle la vida. La vida familiar y de pareja puede ser muy satisfactoria, combinado a niveles adecuados de autorrealización y madurez.

Apuntes y síntesis de "La Represión" (1915) de Sigmund Freud


En "La Represión", Sigmund Freud, destaca en este mecanismo de defensa su carácter frustráneo, es decir, el hecho de que esta siempre falla, nunca consigue del todo su objetivo de mantener un material pulsional, mnémico o fantaseado, alejado de la consciencia. 
  • La represión es una resistencia que aspira a despojar de su eficacia al instinto (pulsión). 
  • El yo no puede huir del instinto, pues es interno, por lo que lo "enjuicia" y "condena". 
  • La represión es una noción intermedia entre la fuga y la condena. 
  • Es cierto proceso por el cual la gratificación (placer) producto de una satisfacción queda transformada en displacer en mayor medida que el placer (el motivo del displacer > el motivo de placer).
  • La esencia de la represión consiste exclusivamente en rechazar y mantener alejados de lo consciente a determinados elementos. 
  • Antes de la represión rigen los restantes destinos de los instintos (sublimación, transformación en lo contrario, etc.).
  • La represión se da en diferentes niveles o etapas:
    • Represión primitiva: negación del acceso a la conciencia a la representación psíquica del instinto, la cual no desaparece y queda sin cambio: solamente se le niega acceso a la consciencia. 
    • Represión secundaria: esta es la represión propiamente dicha. Consiste en impedir la emergencia de ideas o ramificaciones psíquicas asociadas a la representación reprimida (en la represión primaria). 
    • La represión no impide la representación en el sistema inconsciente ni impide que crezca. Lo reprimido es como un árbol que crece en la sombra. Cuando las ramificaciones se alejan del nodo reprimido (represión primaria) logran acceso a la consciencia. La represión es un proceso individual con cada ramificación. Es un proceso (barrera) móvil.  
  • La neurosis proviene de represiones fracasadas, o bien, podría llamárseles ramificaciones intrusivas (que luego son sustituidas por el síntoma). Los mecanismos de defensa toman lugar haciendo que estas ramificaciones secundarias se satisfagan de forma distorsionada. Este es el proceso caracaterístico de las psiconeurosis. 
    • En la histeria de angustia (neurosis fóbica), la angustia equivale a una "fuga" interna, ante un objeto que -por desplazamiento- sirve para  representar lo reprimido. El mecanismo en ester caso es el desplazamiento. 
    • En la histeria de conversión la sustitución se da por inervación sensorial o motora y tiene efecto en una parte de la representación misma del instinto, la cual ha atraído y condensado todo esa carga. El mecanismo en este caso es la conversión histérica.  
    • La neurosis obsesiva se da que una ambivalencia que incluye un impulso sádico se sustituya o se modifique por un yo escrupuloso; el afecto de ira se transforma en autoreproches; la representación reprimida se transforma en elementos "nimios e indiferentes", de ahí la obsesión quisquillosa con pequeños detalles absurdos de la vida cotidiana. El mecanismo en este caso es la formación reactiva. 

Referencias

Freud, Sigmund. (2006). El malestar en la cultura y otros ensayos. México: Alianza Editorial. 

Síntesis de "Duelo y Melancolía" (1915) de Sigmund Freud


En "Duelo y Melancolía" (1915), Freud expone la diferencia fundamental entre el duelo normal y patológico, es decir la melancolía: la disminución de la propia estima (el yo se agrede, se critica, se humilla con amargos reproches). Esta asunción se deriva de las siguientes observaciones y consideraciones:
  • En el duelo el examen de realidad ha mostrado la pérdida del objeto, por lo cual surge una dolorosa resistencia a abandonar al objeto que es fuente de satisfacción. En la melancolía, en cambio, no es claro lo que el sujeto pierde, o lo que pierde en el objeto, por lo cual la melancolía se relacionará con una pérdida de un objeto psíquico. 
  • En el duelo el mundo aparece como desierto. En la melancolía el yo se ha empobrecido, atribuyéndose exageradamente ciertos defectos y rebajándose. Parece que el melancólico ha perdido el amor propio y por ende algo en el propio yo. 
  • Cuando el sujeto se agrede con reproches y autocrítica, estas agresiones parecen inadecuadas, sin embargo con pequeñas modificaciones pueden adaptarse a otra persona que fue amada. Se puede decir que "sus lamentos son acusaciones". 
  • Es por ello que la clave del cuadro clínico es distinguir los autorreproches como reproches hacia otra persona u objeto amado. Esto se da como una intensificación de una ambivalencia preexistente. Una parte del yo se torna sádica y se descarga con otra parte que se identifica con el objeto amado. Este sadismo aclara el suicidio. 
  • Las tachas que el yo se hace a sí mismo son más de carácter moral, es decir son acusaciones que ocasionan un sentimiento de culpabilidad. El yo se torna sádico consigo mismo. Una parte retrocede hasta la identificación y otra hasta la fase sádica. 

La melancolía se transforma en manía en algunos casos:
  • Se tiene la impresión de que el contenido es idéntico en la manía y en la melancolía. 
  • Ambas lucharían con el mismo complejo que sojuzga al yo en la melancolía y queda sometido en la manía. 
  • El maníaco nos evidencia su emancipación del objeto que le hizo sufrir. 

Referencias

Freud, S. (2006). El malestar en la cultura y otros ensayos. Madrid: Alianza Editorial.

Matrimonio: Crisis, adaptación y fidelidad


"El amor verdadero nace poco a poco, crece pausadamente y a golpes de crisis a lo largo del camino recorrido a la par. El matrimonio no es un certificado de amor, sino el compromiso de amarse, el intento perennemente renovado de un ser imperfecto, débil y limitado por adaptarse a otro al que también descubre imperfecto, débil y limitado. Las bodas no son el puerto de atraque del amor, sino el de partida, el ingreso en la "escuela del amor"(...). 

El amor nace y se nutre en el paso monótono y grisáceo de los días, de las desilusiones más que de las ilusiones, de la caída de los mitos que el enamoramiento había erigido, de la demolición dolorosa y prolongada de los egoísmos personales, de las tentaciones vencidas, de los perdones recíprocos, del ritmo y declive de la sexualidad, de las ansias, gozos y dolores de dos existencias que tratan de fundirse sin confundirse, ni anularse. Dos vidas, dos personalidades en continuo movimiento, en constante variación en virtud del avance de la edad, de las experiencias acumuladas, de los avatares laborales, de las enfermedades, de las nuevas relaciones de paternidad y maternidad. (...)

Amar es por tanto, adaptarse: la adaptación incesante de dos seres. El matrimonio consiste en un viaje conjunto, en el que cada etapa es diferente a la anterior, de tal forma que la unión ha de renovarse, renacer a cada instante. No, no se ama de una vez y para siempre: se comienza a amar cada día. El nacimiento de los hijos, por ejemplo, crea una situación nueva, transforma el núcleo del amor agregándole las relaciones de maternidad y paternidad. El amor de los novios no es igual que el de los recién casados, y este debe dar paso poco a poco a otro género de amor, más maduro y sólido. En definitiva, la fidelidad no es rigidez, ni la continua remisión a un estado inicial de enamoramiento entusiasta, y fuertemente emotivo, más o menos realista o imaginario. No, la fidelidad consiste en esa renovación incesante, en esa adecuación incansable, enjundia de una vida en común. Por este motivo los esposos tipo "eternos novios" resultan ridículos, auténticos enanos o subdesarrollados en el amor. O el amor se inventa cada día, o se incinera en ritos sin ningún significado" (Torelló, 2008, pp. 211-212).

Bibliografía

Torelló, J. (2008). Psicología y vida espiritual. Madrid: Rialp. 

Diferentes tipos de matrimonio infeliz


"La obra de Fritz Künkel es ejemplar. Habla de diferentes formas de matrimonio infeliz: 
  • La de las "comunidades aparentes" donde la felicidad de una y otra parte se hacen consistir en la confirmación del propio egotismo que un cónyuge recibe del otro. 
  • La del "matrimonio tiránico" donde uno de los cónyuges es activo y el otro un pasivo que se satisfacen recíprocamente. 
  • La de los "artistas" cuyo tratado de amor se resume en la frase "yo te amo porque crees en mí, porque necesito que alguien me demuestre incesantemente con su fe cuánto valgo".
  • Aquella en que la infelicidad siempre se considera culpa del otro, o bien del "destino" o de las circunstancias, por lo que nada puede hacerse para resolver la tensión permanentemente, lo cual impele una y otra vez a la decisión de separarse; sin embargo, cuando el vínculo está a punto de romperse se reconcilian para comenzar de nuevo a atormentarse, como si estuvieran atados a una cinta de goma... 
Pues bien, Künkel demuestra que todas estas formas de parejas infelices se deben al egocentrismo de los cónyuges, los cuales entreviendo que la solución está en el propio entregamiento, no se deciden. Lo que toda persona querría esquivar -concluye Künkel- es el proceso de liquidación que exige el matrimonio, porque intuye la alternativa que presagia tal liquidación: o renunciar al propio yo, o sufrir y más sufrir" (Torelló, 2008, p. 220).

Bibliografía

Torelló, J. (2008). Psicología y vida espiritual. Madrid: Rialp. 
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